jueves 23
Más de diez años han pasado desde la edición de “Omega”, el álbum que en 1996 firmaron el cantaor flamenco Enrique Morente y la banda de rock Lagartija Nick. Un disco esencial que logró fusionar, en un mismo proyecto, la música y los poemas de Garcia Lorca y Leonard Cohen junto a las guitarras lacerantes de Antonio Arias y los suyos. Un cruce de caminos que dignificó la fusión entre el rock y el flamenco y que ha perdurado con el tiempo manteniendo su esencia y espíritu hasta llegar a convertirse en una auténtica obra maestra del rock cantado en castellano. Si en estudio el resultado es abrumador, en directo la experiencia se convierte en algo más intenso y visceral, casi místico, con una puesta en escena y un sonido sobrecogedores. Esto es exactamente lo que se vivió anoche en la segunda jornada de este Heineken Greenspace 2008. La primera vez que se presentaba el “Omega” en Valencia no pudo ser un acontecimiento más que exitoso e histórico si se tiene en cuenta la mejora del sonido del recinto (respecto a otras actuaciones), y la conjunción perfecta entre los elementos tradicionales del flamenco (las bulerías, el fandango, los soleares) y el rock corrosivo y tempestuoso de la banda granadina. El mismo Morente reivindicó el encuentro de ayer, como algo más “mágico” que el acaecido en la primera edición del Heineken Greenspace (ahora hace cuatro años) en la que se unió su arte con la de Sonic Youth. “Aquí tenemo’ a lo’ Soni’ Yu’ granaino’, Lagartiha Ni’” espetó. Estimulado por los edificios de Calatrava que se podían divisar desde su hotel (según él mismo confesó), el cantaor dio una lección magistral de lo que es un directo espectacular con momentos de apoteósica intensidad y de ilimitada pasión. Comenzó su actuación con una intro de coros de voces que fueron manteniendo la tensión in crescendo, en los cinco primeros temas, arrancando con bulerias y soleares e incorporando las percusiones y bases rítmicas de un Eric Jiménez inspirado, efectivo y demoledor que fue introduciendo los compases de la tormenta que se avecinaba conforme se sucedían los temas. Al set flamenco, compuesto por siete temas instrumentados con las letras de poemas de Lorca, le siguió el set eléctrico. El aforo del recinto al completo, con un público entregado a los designios interpretativos de Morente (“Viva Morente”), fue idóneo para ir desarrollando un repertorio que alcanzó sus momentos álgidos con la interpretación de las célebres adaptaciones de “Manhattan”, “Halleluja” de Cohen y temas como el arrollador “Ciudad sin sueño”. Ante tal entrega y complicidad con la audiencia, no pudo sino regalarse dos bises que incurrieron en pasajes de flamenco genuino, el final con el “Pequeño vals vienés” y como colofón “La aurora de Nueva York”. Lo dicho todo un acontecimiento revelador de auténtico “poderío” rock. Sin lugar a dudas, una de las mejores actuaciones realizadas en el Greenspace en su aún breve historia.
Raül Serrador
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